martes, 1 de marzo de 2011

Los doblones del Starbucks

Por fin me he decidido a adquirir uno. 3500 euros, y te aseguran una revalorización del 40% en cinco años. Creo que vale la pena, sobre todo en los tiempos que corren... ¡Que noooo! Son de chocolate, "shocolade", como diría un alemán. Cuestan 0'60, joder, son preciosos. Da pena abrir el envoltorio, de verdad que me gustan mucho, ¡y qué grandes son! Ja, ja, ja.
Bromas aparte, quiero contaros una anécdota real relacionada con estas monedazas del Starbucks. Esto pasó de verdad, os juro que no es una puta idea mía. Era domingo por la mañana. Estaba desayunando en un Starbucks. Entraron unas rumanas, un grupito... Coño, iban a robar, ¡os digo que iban a robar! Yo estaba junto a la entrada, y las jodidas se fueron al salón del fondo, después de un rato salieron del local, pero de camino a la puerta se agenciaron un termo del mueble de exposición de merchandising. Los baristas del Starbucks -se hacen llamar así- salieron corriendo tras ellas y lo recuperaron; se lo arrancaron de las manos a una, que ya lo estaba gozando. La tía se enfadó mucho y les insultó con fuerza, claro. Pero ahí no acaba la historia, unos minutos más tarde, cuando todo había vuelto a la calma, una señora portuguesa, muy alta, muy fina, salió del salón del fondo llorando desesperada, iba diciendo que alguien le había robado el bolso, ¡las rumanas no sólo se habían llevado el termo!, por lo visto la pobre mujer tenía que coger un vuelo a Lisboa, y en el bolso llevaba el móvil y los billetes. Estaba desbordada, muy shockada, vamos, completamente shocolade. Varios clientes la consolaban, le daban esperanzas de pillar el vuelo (le explicaban no sé qué mierda de la policía y un salvoconducto). La mujer recibía los ánimos totalmente ausente. Yo opté por no acercarme, pero vi que la tipa llevaba algo en la mano... ¡Unos putos doblones del Starbucks! Se ve que los había comprado antes del desafortunado suceso (no iba a haberlos comprado después) y los había dejado en la mesa. Todo esto es verdad. La pobre agarraba su dinero de juguete, lo único que tenía, dos monedas plateadas de chocolate, ¡a veces la vida te gasta bromas pesadas! ¡Eso le pasó por hacer coñitas con el dinero! Ja, ja, ja.

Aquí una entrevista para la revista GQ, salgo con la cara forzada por el sol y hay un clima como de mafia del este.



7 comentarios:

Hector dijo...

uuummmmm, volutto, my favourite!

Don_Mingo dijo...

Qué brillo en las miradas. Qué musiquilla de cultura. Qué contraste entre la intimidad de los primeros planos y el entorno público a plena luz del día. Refleja algo serio y desenfadado al mismo tiempo (es fresa y chocolate, jabón y lombriz todo en uno)

Fatale dijo...

Yo trabajaba en la taquilla de una sala de conciertos y un músico callejero pasaba por delante casi todos los días. Muchas veces me regalaba un doblón de chocolate del Starbucks. A veces, cunado no llevaba chocolatinas me preguntaba si quería que me fuese a comprar una.

Pioneros del siglo XXI dijo...

Quien crea que las puertas del infierno no existen, es porque no ha visto un Starbucks.

vico dijo...

coliflor fractal

http://1.bp.blogspot.com/-hDuzO_ZXcOY/TW5w_PwchnI/AAAAAAAAAZI/FHrtVMbILNg/s1600/Fractal_Broccoli.jpg

bobjop dijo...

el entrevistador está totalmente seducido. normal.

Albert dijo...

frívolos postmodernos, que pena que dáis!