jueves, 7 de enero de 2010

Sí, hum.

No, pero una recepción. La recepción del edificio más caro del mundo. Donde sólo trabajan recepcionistas más atractivos del mundo. Oye, pero imagínate que eres el mejor taquígrafo-telefonista de la tierra y necesitan a alguien por unas horas para que cubra un puesto en esa magnífica recepción, una pequeña sustitución. Ya no queda ningún recepcionista bellísimo disponible y te llaman a ti porque eres el mejor, eres lo siguiente en la jerarquía. Sólo serán unas horas. Te arreglas un poco, no sé, una camisa, un perfume. Nunca habías estado en ese edificio donde sólo entran los más poderosos. Te habían hablado de la belleza de esos recepcionistas pero nadie te había dicho que iban desnudos y totalmente cubiertos de pintura dorada. Tu compañero en la recepción te saluda y te explica como funcionan los ordenadores-centralita. Es demoledoramente bello, todo él pintado de dorado, incluso los pliegues del prepucio.

Tú puedes ir vestido, eres la excepción.

Llevas un par de horas en la recepción, tu compañero ha sido muy simpático. De pronto, te giras a preguntarle algo y está echado en el suelo. Está muerto.

Por lo visto ese día los técnicos de mantenimiento lo habían pintado por error con un spray hiperaislante para metales. Su piel -su órgano piel- se había axfisiado bajo la cutícula dorada.

NO, PERO QUEDAOS CON ESAS MUERTES DESCONCERTANTES Y RIDÍCULAS DE ALGUNOS SERES ANGÉLICOS, QUE DE PRONTO Y SIN HACER RUIDO YACEN DESNUDOS EN EL SUELO. Y SÓLO DESPUÉS ALGUIEN TE EXPLICA QUÉ COÑO LES HA PASADO.

QUEDAOS TAMBIÉN CON UN RECEPCIONISTA DESNUDO Y PINTADO DE ORO Y A SU LADO OTRO VESTIDO NORMAL. QUEDAOS CON ESE COMBO DE EXCEPCIÓN.

Y POR SU PUESTO CON LA IDEA DE MORIRSE POR ASFIXIA CUTÁNEA. Y ADEMÁS DESNUDO.

1 comentario:

Julio González dijo...

yo añadiría la idea del recepcionista vestido, que ante el horror de su mediocridad, abrasado por los complejos y por su inferioridad, por ese bofetón a la geometría de sus carnes caidas... empiece a ver como caen muertos los guapos y bellos y no pueda parar de preguntarse si tendrá algo que ver su horripilancia. Como si de repente pudiera plantearse su mediocridad como arma de destrucción masiva.

Me lo imagino entregándose en la comisaría más cercana, abrumado por la culpa