domingo, 30 de noviembre de 2008

Una forma de expresar el frío intenso

Hoy quiero exponer aquí una expresión que oí en boca de un compañero de trabajo justo al terminar la jornada. Antes de salir a la calle, me explicó en tono socarrón que afuera hacía tanto frío que cuando salía -mi compañero- a la calle era como si alguien le diera "bofetadas en la cara sin parar" y para enfatizar añadió que "ni siquiera podía cerrar los ojos" por la rapidez con que se sucedían las bofetadas.

Si la idea de trazar una analogía entre el frío intenso y alguien dándote bofetadas en la cara sin parar ya provoca en el oyente un impacto parecido al de las mismas bofetadas; la segunda idea, la de no poder cerrar los párpados, es de una complejidad enorme y extremadamente difícil de imaginar con todas sus consecuencias ya que si uno recibe un golpe directamente en el globo ocular, a parte de sentir una molestia horrible, tiende a cerrar el párpado ipso facto pero, según esta idea, antes de accionar el párpado, la palma de la mano ya está otra vez flagelando el ojo y bloqueando el movimiento del párpado, y así sucesivamente durante todo un trayecto a pie por la calle, lo cual implica que las bofetadas en los ojos se suceden a una velocidad y precisión tremendas con la dificultad añadida de que el agresor -el frío intenso, en este caso- ha de caminar hacia atrás para poder efectuarlas. Todo esto sin tener en cuenta la incongruencia narrativa de que si alguien es objeto de una agresión tan atroz, lo último que le interesaría comentar al respecto sería el hecho en sí mismo de no haber podido cerrar los ojos durante la agresión.

En fin, este amigo mío no era consciente de lo que proponía. Seguimos todos juntos empujando este barco.

2 comentarios:

Álvaro dijo...

Yo vivía en un lugar donde el frío se convertía en algo más intenso que dos bofetadas, algo directamente calificable como tenso. Los pobladores de ese lugar arqueaban sus espaldas hacia abajo, tratando de juntar la cara con las rodillas mientras caminaban para proteger sus órganos vitales de una eventual punzada de hielo espontáneo (sí, a veces el aire se congelaba ipso facto en forma de estalagmita, tita o cuchillo, que es como se le llama allí al chupete de hielo horizontal). La pequeña ciudad, centro de encuentro, lugar social, se convertía en una procesión de bultos semihumanos dotados de un rictus facial semejante a una máscara.
Esto es porque los insensatos seguían saliendo a la calle vestidos de cualquier manera. NO PODÍAN PARAR A SALUDARSE. En vez de eso, giraban hacia arriba el cráneo un momento, jugándose el cuello al ataque de un posible chupete yugular, emitiendo sonidos inarticulados a causa de la parálisis en que se convertía el ya citado rictus. Así.
Esto solía pasar en primavera y no exagero. El frío no es una cosa para exagerar con los amigos a no ser que estés pescando en hielo y te hagan la típica broma de echarte al agua entre hurras y risas.

Testigo del Error. dijo...

Me has provocado carcajadas reales. En la biblioteca de la facultad me miran raro. Claro. Ahora soy "esa tía de ahí".