Vayamos rápido, dos ideas hermanadas. ¿Sabéis esos programas de naturaleza en que un tío perdido en la jungla te tutea y te explica cosas sobre los animales y las plantas del lugar y hace apaños de supervivencia, etc? ¿Sabéis esos programas? LA IDEA DE QUE TODOS ESOS EXPLORADORES QUE AVANZAN A TRAVÉS DE UNA JUNGLA REMOTA CON LA EXCUSA DE MOSTRARTE ALGO EXÓTICO Y ENSEÑARTE TRUCOS DE SUPERVIVENCIA EN REALIDAD ESTÉN HUYENDO DEL VIOLADOR DEL EIXAMPLE. Su único objetivo en la vida es alejarse lo máximo posible de ese tipejo. A veces, en medio de su perorata sobre supervivencia sueltan un "pasaremos la noche en ese risco, nunca se sabe por dónde se mueve ese cabrón". Todos esos programas de National Geographic, con todos los exploradores comedores de serpientes, escaladores con los dedos amputados por el frío, aventureros metiendo la cabeza dentro de caimanes; todos huyendo siempre del violador del Eixample, moviéndose sin descanso, programa tras programa, en los confines del mundo.
La segunda idea. Seguimos en el contexto de la supervivencia extrema y los programas de televisión. El presentador de un programa de desafíos de supervivencia es trasladado al Polo Norte en helicóptero, allí le dejan solo con una cámara de mano vestido con pantalón corto y camiseta. Se ha de buscar la vida durante 24 horas. Ese es el reto del programa. El asunto es que la cosa va muy mal y por una serie de vicisitudes el pobre hombre termina desnudo y magullado sobre un cascote de hielo, disculpándose ante los espectadores y viéndose obligado a masturbarse fuertemente para no morir congelado, una insólita táctica de especialista, llorando de impotencia mientras lo hace, viendo como se le escapa la vida, generando una imagen inclasificable que recorrerá el planeta.
Uf, qué ridículo, vender esa imagen como algo muy dramático. Una de las imágenes más impactantes del siglo XXI, que incluso esté mal visto sonreírse ante ella.
Un señor ciego confunde el mezclador de plástico de su zumo de frutas con una pajita y empieza a sorberlo con fuerza aunque obviamente no le llegue nada de zumo a la boca. Aún así, el ciego insiste e insiste hasta que por fin consigue que el zumo se filtre entre las moléculas de plástico del mango del mezclador y suba lentísimo a través de la materia del cilindro.
Estas son mis dos amigas, son buena compañía, si no las queréis os quemaran los ojos. Me voy a dormir, buenas noches.